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Blog de Alicia Elizundia

Teresita Fernández: La maestra que canta

Teresita Fernández: La maestra que canta

Por María Dolores Ortiz

 Estoy segura de que a Alicia Elizundia le causó tanto placer elaborar el libro Yo soy una maestra que canta, como el que sintió el jurado del Premio UNEAC de testimonio, 2000, al evaluarlo y decidir premiarlo por unanimidad.

 Ese placer, el que brota de la lectura de un libro, es el que sentirán los lectores cuando se apropien de esta obra que ahora presenta Ediciones Unión.

 En Yo soy una maestra que canta está toda Teresita Fernández, ese querido personaje célebre de nuestra cultura, y de la cultura de nuestro idioma, que ha sabido ganarse, con sus canciones y con su obra, el cariño y la admiración de varias generaciones.

Ella, la Teresita que viste de amor la tristeza para que el mundo cambie de color, nos cuenta su vida, sus penas y alegrías, sus triunfos y errores, con veracidad y sinceridad conmovedoras, que Alicia Elizundia supo transcribir fielmente sin traicionar la cálida transparencia del testimonio vivo.

 En este libro está la historia de la familia de Teresita —singular mezcla de culturas y sólidos principios, de culinaria y música—, y también un vivo retrato de su Santa Clara natal, con sus prejuicios, divisiones de clases, pintorescos personajes populares, y también su cultura, que en aquellos años tristes era sólo para los privilegiados. Por éstas páginas desfilan también, —guardados celosamente por la fiel memoria de Teresita— importantes e inolvidables personajes de la cultura cubana; unos, como Samuel Feijóo, villaclareño como ella; otros conocidos ya en la capital del país —las Hermanas Martí, Bola de Nieve, Luis Carbonell, Esther Borja, Cintio y Fina, entre otros muchos—, todos los cuales creyeron en Teresita y en el valor de su arte, desde que la conocieron.

 Pero en Yo soy una maestra que canta está, sobre todo, esta Teresita Fernández, que ha sabido, sin dejar de tener un alma de niña, seguir siendo ella misma, con su cristianismo vestido de color franciscano, con su tabaco y su café, sus ponchos multicolores y una multitud de perros y gatos que nadie sabe cómo sobrevivieron en los años difíciles de período especial. Ella, en fin, ha sido como ha querido ser, y esta actitud supo captarla muy bien y con gracia, Alicia Elizundia.

 Por este libro, muchos conocerán que Teresita Fernández no es sólo la trovadora de las canciones infantiles, que ha puesto música también a los poemas del Ismaelillo. Conocerán además, su extensa obra poética y cancionística, que ojalá los lleve también a leer a Gabriela Mistral y a José Martí.

 Los lectores cubanos, entre los que me incluyo yo misma —que soy una maestra que no canta— agradecemos este libro alegre y desenfadado, con un dejo suave de tristeza sin amargura, que estará por siempre entre lo mejor de nuestra cultura, floreciendo como el coralillo rosado en su ventana.

(Tomado del sitio Habana Radio)

 

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